Mounstros y magia

Mounstros y magia



MONSTRUOS Y MAGIA

Por Tomás I. González Pondal

 Apareció en los cines una película titulada “Lilo y Stitch”. Dicen que es para niños. He visto las propagandas y he averiguado algunas cosas, como por ejemplo que ya se han producido varias sobre el ‘monstruo azul’. La aparecida ahora, en 2025, entiendo que sería la quinta. 

 Hay una moderna fascinación por los “monstruos simpáticos”, como así también por las temáticas “mágicas”. 

 Desde un punto de vista estético se ofrece al niño una inicial visión en la que se manifiesta que lo horrible puede ser bello. Hace tiempo que se ve esa tendencia a presentar la fealdad como algo perteneciente a la belleza, a lo deseable, a lo querible. El niño que comienza a incorporar esas cosas, va acostumbrándose a ver lo feo como lindo. Se le arruina el buen sentido sobre lo bello. Más tarde eso repercute también en otras esferas de la vida, por caso si hay una dedicación a lo artístico: las cosas que se realicen, casi de seguro, llevarán el sello de lo horrendo. 

 Desde un punto de vista ético se ofrece al niño una óptica tergiversada sobre el bien y el mal. Ahora el que ampara, el que protege, el que guía, es el monstruo con su sentido propio de lo que se le antoja como bueno o como malo. Lo anormal, figurado en el adefesio animado, vendrá a ser ahora lo que consuele, lo que contente, lo que mueva a  simpatía, lo que sea compañía del infante. 

 Desde un punto de vista teológico, el mal profundo ‘que viene de afuera’ pasa a ser el mundo bueno en la cabeza de los pequeños. La fuerza de asistencia es un monstruo, llámese extraterrestre o como se quiera. En el films que se hizo años atrás sobre el alienígena dentado, se hace saber que él es precisamente un “ángel enviado”, el amigo y protector de una niña que ha vivenciado importantes pérdidas. En el poster que promociona la reciente película del personaje llamado Stitch, se lo ve mordiendo la manzana ofrecida por una mano que, según se dice, sería la de la bruja aparecida en Blancanieves, y también aparece una frase que dice  “Not just another bad Apple” (no es solo otra manzana podrida), con lo que se da a entender que se trata de alguien especialmente conocedor de males, no cualquiera. Hay que bajar un poco más: pues un personaje que se vanagloria de llevar en su boca la manzana, que la muestra con simpatía y que la propone como posible, remonta directamente a la manzana bíblica de la tentación, presentada por Satanás como sumamente apetecible y sabedor de que, cayendo el hombre en la tentación, entraría el mal en el mundo con el que se ofendería infinitamente al Dios Trinitario.

 El cine moderno no escatima escenas en donde se tomen las prácticas mágicas (llámense hechiceras, adivinatorias o de ocultismo) como fenómenos de los más deseables, incitando así a que se las tenga por normales y muy dignas de ser ejecutadas. Harry Potter, Doctor Strange (al que se lo llama hechicero supremo), Little witch academia (donde se estudia para convertirse en bruja), Dragon Ball, son solo ejemplos de una lista abultada de cintas fílmicas que van en las indicadas direcciones. La fantasía se ve movida a pasar a lo real, fantasía en donde lo oscuro es visto como claro y bueno. 

 Cientos de cintas fílmicas modernas se regodean en monstruos y en magias, pues de fondo está el regodearse en que los niños beban esas astucias. 

 Hay algo paradójico con la fruta roja. Mientras que el racionalismo bíblico introducido en el clero con excelentes resultados se encuentra descreído de la veracidad histórica de la caída del primer hombre y la primera mujer, el liberalismo, guiado por su padre tenebroso, alza triunfante el objeto de la caída, la manzana, y lo hace con toda desfachatez en un 2025, en una película destinada a los niños y como nueva burla triunfal. 

El precipitado creerá burlonamente poder echar por tierra lo que llevo dicho, sosteniendo ligeramente que solo se trata de una caricatura. Con ello no solo no dice nada, sino que no advierte algo tan mínimo como es el hecho de que el dibujo animado es también una forma de canalizar contenidos.

 A los niños lléveselos cuando se pueda a estar en contacto con el campo; que agarren bichos; que toquen el barro; que se deleiten mirando los peces de un lago o que los pesquen para comerlos con sus padres; que construyan una casa sobre las ramas; que miren el cielo y su gama de colores; que enciendan fuego; que corran hasta agotarse; que monten un caballo; que hagan barcos o aviones de papel o de madera; que aprendan un instrumento; que lean; que miren las abejas en las flores; que tengan una linterna para alumbrar de noche; que dibujen mucho con variados colores; que coman moras; que aprendan a hacer sapito en el agua; que jueguen al tesoro escondido, al estanciero, al tutti frutti, a los palitos chinos, al jenga; que corten flores para dejarlas a los pies de las imágenes de la  Santísima Virgen María y de San José. Y si por ahí dan con un manzano, quizá, al tomar el fruto del árbol, lo miren unos segundos y evoquen la lección bíblica del Paraíso, eso gracias a que, en bella reunión familiar, por las noches oyeron del padre o la madre historias de las Sagradas Escrituras y enseñanzas del Catecismo de San Pío X. Que el niño se vaya a dormir mirando y besando el Crucifijo, y no mirando una pantalla.
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